Cuando se habla del cuidador, se puede pensar en muchos tipos de cuidadores, por ejemplo, médicos, enfermeras, pastores, psicólogos, trabajadores sociales, entre otros. Cada uno de ellos ejerce un papel importante en la sociedad, precisamente, cuidar de otros. Sin embargo, ante esa gama de personas, en el presente trabajo se ha escogido a un tipo de cuidador, que muchas veces es invisibilizado, es decir, los que cuidan enfermos y adultos mayores de forma directa. Algunos pueden ser contratados y llegan a tener una relación estrecha con la persona a la que cuidan, pero otros son familiares y sobre todo hijos que tiene un vínculo más cercano con el paciente.
El cuidado de personas dependientes es una tarea que, aunque nace del amor y la responsabilidad, puede convertirse en una carga emocional y física que afecta profundamente la vida del cuidador. Este fenómeno se conoce como síndrome del cuidador, y se caracteriza por el agotamiento físico, mental y social de quienes dedican gran parte de su tiempo a atender a un familiar enfermo o con discapacidad (Psicología-Online, 2024). En América Latina, donde la familia es el principal sostén del cuidado, esto se ha convertido en un problema de salud pública y social (CEPAL, 2020). En un foro realizado en la Asamblea Legislativa de El Salvador hace unos años, los geriatras presentes manifestaron que a raíz del incremento de la expectativa de vida en unos cinco a diez años, habría adultos mayores cuidando a adultos mayores.
Se desarrollará el tema, que es muy amplio, bajo los siguientes subtítulos: Definición y contexto latino, síntomas del síndrome del cuidador, fases del síndrome del cuidador, factores de riesgo en Latinoamérica, recursos disponibles en Latinoamérica, estrategias para sanar el síndrome del cuidador, estrategias de la iglesia para apoyar a los cuidadores y una conclusión.
Definición y contexto latino
El síndrome del cuidador, también llamado “burnout del cuidador”,
consiste en la sobrecarga que experimentan quienes cuidan de manera prolongada
a personas dependientes, generando síntomas físicos, emocionales y sociales
(Fundación Atilano Sánchez. s.f.). En el contexto latino, la cultura de la
familia extensa y la expectativa de que los hijos o esposas asuman el cuidado
refuerza la invisibilidad del problema. Estudios en Cuba y Colombia muestran
que la mayoría de los cuidadores son mujeres entre 40 y 60 años, con escaso
apoyo institucional (Pérez Rodríguez et al, 2017).
Este fenómeno, conocido como síndrome del cuidador, se ha descrito
como un trauma silencioso porque sus efectos físicos, emocionales y sociales
suelen pasar desapercibidos tanto para la sociedad como para los propios
cuidadores. La carga emocional y física se acumula en silencio, sin que existan
suficientes mecanismos de apoyo, lo que convierte al síndrome en un problema de
salud pública y social (Clínica Astorga, 2024).
Instituciones y profesionales en el tema brindan algunas razones
de esto, a saber, invisibilidad social: La mayoría de los cuidadores son
familiares que asumen el rol sin preparación ni apoyo. Su esfuerzo se da por
sentado y pocas veces se reconoce públicamente, lo que genera un desgaste
oculto (Pérez Rodríguez et al., 2017), carga emocional oculta: Los cuidadores
experimentan ansiedad, depresión, culpa y aislamiento, pero suelen ocultar
estos sentimientos para no parecer débiles o desleales hacia el ser querido
(Dueñas et al., 2014), impacto en la salud ignorado: Aunque presentan síntomas
físicos como fatiga crónica, insomnio y problemas cardiovasculares, muchos no
buscan ayuda médica porque consideran que su prioridad es el paciente
(Psicología-Online, 2024), ausencia de políticas de apoyo: En Latinoamérica, el
cuidado recae casi exclusivamente en la familia, sin suficientes programas
institucionales, lo que refuerza que el sufrimiento del cuidador quede en
silencio (CEPAL, 2020), aislamiento social: Al dedicar la mayor parte del
tiempo al cuidado, los cuidadores se alejan de amigos, trabajo y actividades
personales, intensificando la sensación de soledad y silencio (Clínica Astorga,
2024).
Síntomas del síndrome del cuidador
Los síntomas se dividen en tres grandes áreas: En lo físico, los cuidadores experimentan fatiga, dolores musculares y de articulaciones, cefaleas, insomnio (Psicología-Online, 2024) además, de sus propias dolencias crónicas como hipertensión y diabetes. En lo emocional generalmente llegan a tener ansiedad, depresión, irritabilidad, sentimientos de desesperanza, incomprensión, etc. (Mente Sana, s.f.). El área social es afectada también pues por el mismo cuidado de paciente tienen aislamiento, pérdida de proyectos personales, conflictos familiares (Dueñas et al., 2014). Estos síntomas se intensifican en cuidadores de pacientes con enfermedades crónicas como Alzheimer, donde la carga emocional es mayor (Zambrano Cruz & Ceballos Cardona, 2007).
Hay un gran impacto en la salud del cuidador, pues se afecta la salud física y mental. Estudios en Latinoamérica muestran que el autocuidado de los cuidadores está disminuido, lo que repercute directamente en su bienestar (SciELO México, 2014). En México, se reportaron altos niveles de ansiedad y depresión en cuidadores durante la pandemia (Dueñas et al., 2014). Además, el impacto económico es significativo: pérdida de ingresos y precarización laboral (CEPAL, 2020). Son pocos los que tienen una vida económica holgada, y algunos tienen una pensión básica, además de no tener la costumbre o estilo de vida de buscar ayuda física y de salud mental. Se observa en las clínicas geriátricas y otros servicios de salud que cuando llegan adultos mayores a pasar consulta, o van solos y si llegan con algún acompañante, estos se ven agotados y nerviosos. Se supone que los cuidadores deberían tener relevos para cuidar a su paciente, pero la realidad es otra, les toca cuidarles las veinticuatro horas, los siete días de la semana. Se ha sabido que muchos cuidadores ya sean hijos o contratados, maltratan a los pacientes de alguna forma, verbal, emocional, y hasta física. Todo esto se evitaría si tuvieran al menos atención en salud mental. En El Salvador, recientemente se ha abierto una Aplicación llamada DoctorSV en la que se ha dicho que proveerá consultas psicológicas ilimitadas (Palacios, M. 2025), se espera que muchos cuidadores puedan acceder a esta atención.
Fases del síndrome del cuidador
Todo cuidador pasa por un proceso que suele avanzar en etapas. Se tiene una fase inicial, intermedia y avanzada (Psicología-Online, 2024; Sicor Teleasistencia, s.f.).
- Fase inicial: entusiasmo y entrega. Cuando se comienza a cuidar se experimenta gran alegría de poder ayudar a alguien enfermo y sobre todo si es un padre o una madre enfermo o adulto mayor, incluso un hijo o hermano con enfermedades terminales. Hay grandes expectativas, incluso de mejora, por lo que la entrega a su labor es entusiasta y llena de cariño.
- Fase intermedia: sobrecarga y frustración. Con el tiempo, el cuidador empieza a sentir la carga emocional y física del cuidado. Surgen sentimientos de frustración, agotamiento y la percepción de que la situación es más difícil de lo esperado. Hay tristeza, sobre todo cuando hay crisis de salud, suele experimentar impotencia ante ciertas situaciones.
- Fase avanzada: agotamiento extremo y depresión. El cuidador puede llegar a un estado de agotamiento extremo, tanto físico como emocional. Es común que aparezcan síntomas de depresión, ansiedad y desesperanza, lo que puede afectar gravemente su salud y bienestar.
Reconocer estas
fases es fundamental para implementar estrategias de prevención y apoyo, ya que permiten identificar cuándo el cuidador necesita ayuda y evitar que el
desgaste llegue a niveles críticos.
Factores de riesgo en Latinoamérica
En América Latina entre los principales factores de riesgo se
encuentran: escasez de recursos
económicos y servicios públicos de salud (Mendoza-Suárez, 2014), sobrecarga
femenina, es decir, la mayoría de las cuidadoras son mujeres, esto a pesar de
que en la familia haya más hermanos o hijos, o son pocos los hombres enfermeros
que se dedican a esta labor, lo que perpetúa desigualdades de género (ONU
Mujeres, 2021), falta de apoyo social: ausencia de redes comunitarias y
políticas públicas efectivas (BID, 2022). En el foro comentado al inicio, se
hablaba de la necesidad de un hospital geriátrico público o del Instituto
Salvadoreño del Seguro Social, sin embargo, solamente este último aunó en una
clínica la atención geriátrica. En Costa Rica, por ejemplo, se identificó que
la falta de tiempo libre y la insuficiencia de recursos son los principales
detonantes del síndrome (Universidad Hispanoamericana, 2020). En otros países,
según manifiestan algunos, no hay algún tipo de atención. Recientemente se dio
un caso en El Salvador, de una pareja de más de ochenta años, el señor con
insuficiencia renal, la señora con cáncer, y la hija que tuvo que regresar de
Costa Rica para atender a sus padres, también adulta mayor. La señora con
cáncer pidió entrar a un asilo para su atención, pues estaba consciente de su
estado y del de su esposo e hija. Pero no toda la gente tiene esas posibilidades de
atención ni son personas prácticas y realistas, ya que prefieren estar en su
casa, aunque no sean bien atendidos.
Recursos disponibles en Latinoamérica
A pesar de que la realidad de América Latina no es como la de Estados Unidos, para mencionar un país, a nivel latinoamericano existen algunos recursos institucionales y comunitarios. Como ejemplos se puede citar a los Centros de día y programas de respiro familiar en países como Uruguay y Costa Rica (SciELO Uruguay, 2015). Es de mencionar que muchos Centros de día que existían en El Salvador se han ido cerrando. Algunos adultos mayores que asistían se han mantenido por su entusiasmo, pero no lo hacen desde las instituciones sino porque ya traían la costumbre de reunirse. Aunque estos centros era mayormente para adultos mayores que no requerían atención como la que brindan los cuidadores. También existen organizaciones internacionales como AARP y Caregiver Action Network, que ofrecen guías y apoyo (AARP, s.f.). Se cuenta también con grupos comunitarios y ONG locales, aunque su cobertura es limitada (BID, 2022). Estos recursos buscan aliviar la carga, pero aún son insuficientes para la magnitud del problema. En el año 2022, la AFP Crecer ofreció un diplomado en línea para cuidados del adulto mayor llamado Curso Atención Básica del Adulto Mayor en el que abordaron en al menos dos módulos la atención o el cuido del cuidador (AFPCRECEROFICIAL s.f.). Es de mencionar también el esfuerzo de atención en este tema que Sociedades Bíblicas y el Instituto Trauma Healing que incluyen en las lecciones adicionales de los Grupos para Sanar, el tema de Cuidando al Cuidador (Trauma Healing Institute, 2022). Cabe mencionar que en redes sociales pueden encontrarse muchas páginas que abordan este tema y brindan consejos para los cuidadores y para su autocuidado. Un ejemplo de estas páginas es Más que mamás: Mamás Atípicas, Alzheimer Universal y Resiliente Mente - Psicología (Psicóloga Valentina Betancur) entre muchas otras que ofrecen artículos y hablan del tema del cuidar al que cuida. Esto es una gran ayuda para los que están en esa tarea, pues se sienten comprendidos y les hace ver que no están solos.
Estrategias para sanar y prevenir el Síndrome del cuidador
El trauma del cuidador ocurre cuando el estrés constante y la exposición al sufrimiento impactan la salud mental y física del cuidador. Este puede ser trauma agudo (por un evento específico) o trauma crónico (por la acumulación de experiencias difíciles). Puede manifestarse en hipervigilancia, agotamiento, irritabilidad, insomnio y síntomas similares al trastorno de estrés postraumático (Mental Health America, 2023).
Entre las estrategias para sanar y prevenir se mencionan:
- Reconocer los síntomas: aceptar que el desgaste es real y no es signo de debilidad (Psicología Online, 2020).
- Autocuidado consciente: mantener rutinas de descanso, alimentación y actividades espirituales (Fundación Instituto San José, 2022). Incluso practicar técnicas de relajación como respiración profunda, oración o meditación.
- Apoyo social y emocional: participar en grupos de apoyo para cuidadores, donde se puede desahogar y aprender estrategias y evitar el aislamiento. Es necesario mantener vínculos sociales (Mental Health America, 2023) Otro aspecto muy importante en este rubro, es el aprender a soltar a la persona cuidada, es decir, no creer que por la presencia del cuidador no le pasará nada.
- Ayuda profesional: buscar acompañamiento psicológico o consejería para procesar emociones y trauma (Fundación Instituto San José, 2022). En casos de agotamiento extremo, considerar terapia especializada en trauma o estrés postraumático.
- Establecer límites saludables: aprender a delegar y aceptar que no se puede controlar todo (Psicología Online, 2020). Aprender a decir “no” sobre todo cuando la carga es excesiva.
- Reestructurar la vida tras el cuidado: reconstruir rutinas personales y roles que quedaron en pausa (Mental Health America, 2023). Si el ser querido fallece, el cuidador puede experimentar duelo mezclado con alivio y culpa. Es de mencionar, que los tanatólogos mencionan que el cuidador experimenta un duelo anticipado. Este es definido como el proceso emocional que viven familiares y pacientes ante la certeza de una muerte próxima, permitiendo una preparación gradual para la pérdida (Guerrero Olivares, 2014).
- Confiar en la presencia y ayuda de Dios es importante para el cuidador, saber que Él está en control tanto del cuidado como de su propia vida. Es necesario aprender a depender en todo de Él.
Entre los riesgos de no atenderse están: Mayor probabilidad de desarrollar depresión, ansiedad crónica o TEPT, deterioro de la salud física (hipertensión, fatiga crónica) y ruptura de vínculos sociales y familiares. Sanar el síndrome del cuidador implica un proceso de autoconciencia, autocuidado y apoyo externo. No basta con descansar: se requiere reconstruir la identidad personal más allá del rol de cuidador y aceptar ayuda profesional cuando sea necesario (Fundación Instituto San José, 2022; Mental Health America, 2023).
Estrategias de la iglesia para apoyar a los cuidadores
La iglesia puede desempeñar un papel fundamental en el cuido de los cuidadores. Puede ayudar en:
- Acompañamiento espiritual y consejería bíblica, recordando principios como “sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2, Reina-Valera, 1960). A finales del año 2021, después de tomar el curso que ofreció la AFP CRECER, se vio la necesidad de este acompañamiento. Por iniciativa de quien esto escribe se buscó a un grupo de amigas que tenían en común que todas cuidaban a sus padres o madres, con diferentes dolencias, unas más graves que otras. La mayoría eran de la misma Iglesia Nazaret. El grupo se reunía virtualmente cada quincena, se escuchaban y se apoyaban también a través de un grupo de Whatsapp, este se llamó ¡No estamos solas! Con el tiempo, algunos progenitores fueron falleciendo, pero el grupo de catorce mujeres permaneció, salvo dos que salieron después. El grupo representó este punto de acompañamiento y apoyo. Realmente sería un ministerio que podría extenderse a través de la iglesia e incluso a través de redes sociales.
- Ministerios de apoyo y cuidado de relevo, organizando turnos y voluntariado, de hecho, existen iglesias evangélicas que han desarrollado estas prácticas de cuidado de relevo, donde voluntarios apoyan temporalmente al cuidador para que pueda descansar. (Faithward, s.f.). Se debe promover la solidaridad comunitaria, organizando círculos de apoyo y ministerios específicos para cuidadores. Y se recomienda mantener al cuidador conectado espiritual y socialmente, evitando su aislamiento (Baptist Press. 2008). Este ministerio sería super importante, ya que hay personas que no tienen relevo en la atención a su ser querido.
- Promoción del autocuidado y talleres de resiliencia, integrando la fe con la salud mental (Catholic-Link, 2021). La iglesia sobre todo la evangélica, debería tocar desde el púlpito estos temas y proveer capacitación dentro de sus miembros. Se considera que, con estos ministerios, la iglesia cristiana podría hacer mucho por su gente, pues la atención debe ser integral no solo espiritual.
Es interesante que el Papa Francisco insistió en la necesidad de cuidar también a quienes cuidan, como parte de la solidaridad cristiana (Catholic-Link, 2021), por lo que surge la pregunta ¿Cuándo los evangélicos en América Latina, en las iglesias tantas iglesias que hay tomarán este cuidado a los cuidadores como suyo? Hay una cita bíblica que fue la base para el grupo ¡No estamos solas! que dice: “Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios” (1 Timoteo 5:4, Reina-Valera 1960). También se encuentran otros textos bíblicos que muy bien podrían ser base de ministerios como los antes expuestos, ya que es la iglesia la encargada de enseñar a sus miembros de cómo debe vivirse el cristianismo y que deben cuidar de los suyos. A manera de ejemplos se citan los siguientes textos: Éxodo 20:12 y Efesios 6:2 instan a honrar a los padres, Proverbios 23:22, habla no despreciar a la madre cuando sea anciana, 1 Timoteo 5:8 habla de proveer para los suyos, en Juan 19:26-27 Jesús da el ejemplo de encomendar el cuidado de su madre. Todos enseñan sobre el cuidado de padres adultos mayores como una honra de vida.
El síndrome del cuidador es un trauma silencioso que afecta a
miles de familias en Latinoamérica. Su impacto físico, emocional y económico
exige respuestas integrales: políticas públicas, recursos comunitarios y
estrategias espirituales (ONU Mujeres, 2021). Cuidar al cuidador no es solo un
acto de justicia, sino una condición indispensable para garantizar el bienestar
de quienes dependen de ellos. Y más que un acto de justicia es un acto de amor,
misericordia y de verdadero cristianismo.
En síntesis, abordar el síndrome del cuidador requiere un enfoque
colaborativo donde familia, comunidad, Estado e iglesia se unan para proveer
apoyo real y sostenido. Reconocer la labor de los cuidadores y proveerles
espacios de autocuidado, acompañamiento y descanso no solo previene el
deterioro de su salud, sino que fortalece el tejido social y familiar. Es
urgente que las instituciones y la sociedad asuman el compromiso de cuidar a
quienes cuidan, pues solo así podremos construir comunidades más solidarias,
resilientes y compasivas, donde nadie esté verdaderamente solo en el camino del
cuidado.
Finalmente, se debe decir que además de tener ese tejido social, se cuenta principalmente con la presencia y ayuda de Dios en la vida de los que cuidan y de los que son cuidados. Son muchos los testimonios de personas que han tomado la mano de Dios para cuidar a otros, especialmente de sus familiares enfermos o adultos mayores. Como se dijo al principio, es un acto de amor, misericordia y justicia, recordando a Miqueas 6:8: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Santa Biblia, Reina Valera 60). Definitivamente cuidar a alguien amado, requiere también humildad ante Dios, reconociendo que es Él quien tiene el control. También al reconocer que es un ministerio que implica aún dejar muchas cosas y que llegará un momento en que Dios recompensará con bendiciones lo que ha hecho.
Alicia Herrera Rebollo
Maestría en Consejería - SETECA -2025
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